.post blockquote { width:275px; margin: 10px 0 10px 50px; padding: 10px; text-align: justify; font-size:15px; color: #e1771e; background: transparent; border-left: 5px solid #e1771e; } blockquote { border-left:3px solid #CCCCCC; color:#776666; font-style:italic; padding-left:0.75em; } Fusilados de Torrellas: junio 2009 http-equiv="Content-Type" content="text/html; charset=UTF-8" />

El asesino del tricornio. La interminable represión fascista en Extremadura.

El capitán de la Guardia Civil Manuel Gómez Cantos, el exterminador. Foto tomada de la web Protagonistas de la II República y de la Guerra Civil en Cáceres.

«Eres más malo que Gómez Cantos»
Dicho popular extremeño.
Nombrar al que en 1936 era el sanguinario capitán de la Guardia Civil en Villanueva de la Serena (Badajoz), es aún hoy, 73 años después, sinónimo de muerte y miedo. Dejó una huella indeleble no sólo en los republicanos, a los que fusiló y masacró inmisericordemente, a veces incluso por diversión, sino también en el propio cuerpo de la Guardia Civil y en la Falange, pues fusiló a algunos de sus propios subordinados y miembros de esa organización paramilitar especializada en la represión.

Antes de llevar tricornio, Manuel Gómez Cantos hizo carrera en el Ejército. Dejó de joven su ciudad natal gaditana de San Fernando para estudiar en la Academia de Infantería de Toledo. Tras ocho años, en 1920 obtuvo el pase a la Guardia Civil como primer teniente. Al estallar la guerra, ya tenía una hoja de servicios llena de tachas disciplinarias: borracheras en acto de servicio, palizas a la población civil, escándalos en prostíbulos, deudas...


Villanueva de la Serena, 1915. Foto tomada de "Rincones Extremeños", página web de la Diputación de Cáceres, Archivo y Biblioteca.
Al frente de la Guardia Civil en Villanueva de la Serena, el día en que Franco se sublevó contra la República, se negó a acatar las órdenes de las autoridades militares de Badajoz que le conminaban a permanecer fiel a la legalidad. .Enseguida se sumó, con las tropas a su mando, al levantamiento militar, se dirigió al Ayuntamiento y apresó al alcalde y a todos los concejales de izquierda que gobernaban el Consistorio y que habían conseguido sus puestos en unas elecciones democráticas celebradas en febrero. Era la mañana del 19 de julio del 36.

Durante los 10 días siguientes, hasta que huyó al cercano pueblo de Miajadas, mató a un concejal, hirió al alcalde y mandó a 60 personas a la cárcel. Poco después, cercado por varias columnas de milicianos, mandó colocar una bandera blanca en un torreón. Creyendo que se rendía, los milicianos fueron hacia donde estaba Gómez Cantos, quien entonces ordenó de repente a los tiradores de dos ametralladoras que dispararan a quemarropa:
230 milicianos fueron abatidos. La fechoría, que ha pasado a la historia con el nombre de la emboscada de Villamesías y que revela su carácter taimado, a los ojos de sus superiores, fue vitoreada como una hazaña.

Campesinos republicanos de Miajadas, presos y custodiados por la Guardia civil.Foto de la galería de Jaume d'Urgell, del periódico www.lademocracia.es.

Los historiadores también le sitúan en la entrada de las tropas franquistas en Badajoz y las posteriores matanzas en la plaza de toros. Se sabe también que estuvo al frente de la represión de jornaleros y pescadores en Marbella (Málaga), donde murieron 100 personas desde que cayó la ciudad, en menos de un mes.

Badajoz, 1929. Foto tomada de "Rincones Extremeños", página web de la Diputación de Cáceres, Archivo y Biblioteca.
Dos años más tarde de estos “trabajos” volvió a Villanueva de la Serena, cuando toda la comarca estaba ya bajo control de los “nacionales”. Vino para hacerse cargo de la delegación de Orden Público en Badajoz. Una vez en esta ciudad, se dirigió a la cárcel para recoger al grupo de 60 vecinos que detuvo en Villanueva de la Serena en el 36. Quedaban 33 entre rejas, y se los llevó con él para hacer una entrada triunfal en Villanueva.

Allí, el 8 de septiembre de 1938, Gómez Cantos organizó en la plaza del pueblo un "juicio popular", en realidad una farsa, que terminó con la condena de ejecución sumaria para todos. Un camión salió de Villanueva con los 33 detenidos, dejando atrás los vítores de los más exaltados del pueblo y las lágrimas silenciosas de los familiares.

Una escena tristemente repetida en la carrera de Gómez Cantos. Imagen tomada de La aventura de la Historia
Tras 14 kilómetros, en las proximidades de Medellín, el camión se detuvo y los detenidos fueron conducidos a una loma cercana. Allí fueron fusilados, ante la atenta mirada de algunos vecinos de Medellín y un reducido grupo de falangistas de Villanueva.

Allí siguen hoy enterrados, en una fosa común pendiente de excavar, en algún lugar del Cerro de las Fuentes. Sus familiares aún están buscándoles.


Fosa común excavada en la zona controlada por Gómez Cantos. En alguna de ellas están los restos de un campesino tiroteado por Gómez Cantos, "casi de broma, por una apuesta" en palabras del coordinador del Proyecto de Memoria Histórica de Extremadura, Cayetano Ibarra. La foto está tomada del blog de la Siberia Extremeña.
Acabada oficialmente la guerra, Gómez Cantos fue nombrado comandante y gobernador civil de Pontevedra, provincia en cuyas cunetas dejó también, como no podía ser menos, a muchos republicanos a los que “paseaban” de noche.

Pero volvió a regresar a Extremadura, esta vez con los galones de teniente coronel, para protagonizar sus dos más sonadas matanzas. Al frente de la Comandancia de Cáceres, en 1942 fue nombrado responsable de las fuerzas encargadas de la persecución de los huidos, el maquis. Todo lo que hizo no fue sino reafirmar su fama de sanguinario. Él decidía y su lugarteniente, el capitán Emiliano Planchuelo, mandaba el pelotón de ejecución.

Prisioneros republicanos extremeños amarrados en cuerda de presos. Foto tomada de la web Todos los Rostros.
El 28 de agosto de 1942 en Alía (Cáceres), hizo una lista con 30 nombres elegidos al azar y los convocó en el cuartelillo «para arreglar papeles». Pretendía, en realidad, aterrorizar a la región, que nadie diera apoyo al maquis. Todo el pueblo, vigilado por un cordón de guardias, vio la masacre. Entre los asesinados hubo mujeres. Su delito, al decir de Gómez Cantos: «Algo tenían que saber».


Campesino extremeño custodiado por la Guardia civil. Foto tomada de la misma web que la anterior.
No satisfecho, ese mismo verano quiso repetir el brutal escarmiento en Castilblanco, a 22 kilómetros de Alía. La lista esta vez era de 90 nombres. Sólo la presencia en el pueblo de un cura navarro que había hecho la guerra con los requetés y llegó a comandante castrense, torció sus planes.

En Mesas de Ibor (Cáceres), en abril del 45, no hubo cura que se le interpusiera. Un grupo de maquis había tomado el pueblo varias horas y desarmado a los cuatro guardias civiles. Gómez Cantos, encolerizado, acusó a sus subordinados de ser unos cobardes y decidió fusilarlos inmediatamente.

Plaza de Mesas de Ibor. Foto tomada de la web oficial de esta localidad cacereña.
Al ser colocados frente al paredón, él personalmente les arrancó las botonaduras de las guerreras, les quitó los uniformes, que mandó quemar, y les colocó los grilletes. Pero cometió el error de negarles la confesión antes de ser ajusticiados.

Al negarles los auxilios espirituales antes de que cayeran desplomados tras la ráfaga de sus propios compañeros, Gómez Cantos no podía ni imaginar que aquélla sería su última matanza.

Zona del sur de la provincia de Cáceres afectada por la ofensiva republicana de inicios de agosto del 36. La imagen es de elaboración propia de Julián Chaves, de cuya página web está tomada.
A la Iglesia de entonces, la misma que había hecho la "cruzada" del lado de Franco, aquello le pareció imperdonable. La presión de las autoridades eclesiásticas, en especial el obispo de Cáceres y el Cardenal Primado de España Pla i Deniel, logró procesar a Gómez Cantos, quien fue expulsado del cuerpo y condenado a prisión.

Tras el consejo de guerra al que sería sometido en 1945, en el que para nada se habló de las masacres de republicanos que había cometido, ni siquiera llegó a cumplir entero el año de prisión a que fue condenado por «abuso de autoridad».Lo cierto, como demuestra su foto de anciano, es que fue oficial de la Guardia Civil hasta el final de sus días.

En su última fotografía conocida, Gómez Cantos parecía un anciano bonachón. No refleja al verdadero personaje, el sanguinario exterminador. Foto tomada de la página web de Mesas de Ibor.
Su capítulo en la historia lo recordará siempre como un sanguinario exterminador, sembrando la muerte y el miedo por donde pasaba. Fue un criminal que gozó siempre de la impunidad que le conferían sus galones.

Pero murió de viejo, como Franco, y en su cama.

Dicen que en sus
últimas borracheras desvariaba. Se creía un héroe.



Para realizar esta entrada me he basado en la página web La emboscada de Villamesías
También en el artículo de Ildefonso Olmedo, Un criminal con tricornio. El guardia civil más sanguinario, escrito en la edición digital del diario El Mundo. Y por último en el artículo de Julián Chaves, Guerra civil en Cáceres. La batalla de Villamesías.


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¡Que no quede nadie vivo! La Columna de los 8000.

Cartel del estupendo documental de Producciones Morrimer sobre la Columna de los 8000, con los testimonios de varios supervivientes

“Aunque el otoño de la Historia cubra vuestras tumbas con el aparente polvo del olvido, jamás renunciaremos ni al más viejo de vuestros sueños”.
Miguel Hernández.

Sólo 15 días después del alzamiento fascista de julio de 1936, salen desde Sevilla hacia Madrid las columnas del comandante Castejón y del teniente coronel Asensio. Atraviesan Extremadura utilizando la carretera que sigue la antiquísima Vía de la Plata. Deben conquistar Badajoz y unir los territorios controlados por los golpistas tanto al sur como al norte de España.


Van tomando, como frutas maduras, todas las poblaciones atravesadas por la Vía de la Plata. Tienen la orden de ejecutar sistemáticamente, en cada pueblo, a todos quienes tengan algo que ver con la República, con partidos, sindicatos o cualquier otra organización de izquierdas.


Detención de republicanos en un pueblo andaluz o extremeño. Foto tomada de la web "Todos los rostros".
Este proceder, unido a la sangrienta toma de Badajoz y a las prácticas represivas tomadas allí, generan el éxodo de miles de republicanos que intentan escapar del horror y de la muerte huyendo hacia el último territorio de la provincia de Badajoz bajo control del gobierno de la República.


A finales de agosto la bolsa republicana se limita solamente a las comarcas de Jerez de los Caballeros y Fregenal de la Sierra. Todos los pueblos cercados se ven desbordados ante la llegada de miles de personas en desbandada. Alojar y alimentar a tantísima gente es un problema sin solución.


Todos saben que, aunque por el momento han huido de una muerte segura, en cuestión de poco tiempo esa zona también será conquistada, así que organizan como pueden una huida.


Como hemos visto, algunos optan por pasar la Raya e internarse en Portugal, arriesgándose a ser detenidos por la PIDE portuguesa y devueltos a los soldados franquistas, que los fusilarán de inmediato, o a los grupos paramilitares falangistas, que les pegarán un tiro en cualquier lugar, dejándolos allí abandonados. Un grupo de unas 1400 personas se salvan gracias a la solidaridad del pueblo portugués de Barrancos y a la valentía y humanidad del teniente Seixas. Muchos otros no tendrán tanta suerte.


Estación de ferrocarril de Fregenal de la Sierra, 1918. Foto tomada de "Rincones Extremeños", página web de la Diputación de Cáceres, archivo y Biblioteca.
Miles de personas acaban acampadas en la estación de ferrocarril de Fregenal de la Sierra, ocasionando una situación caótica en una población que casi triplica su población normal.
El 15 de septiembre están ya desesperados por salir de esta ratonera, así que deciden intentar llega hasta Azuaga, en poder de los republicanos, utilizando vías de comunicación secundarias para intentar pasar inadvertidos, recorriendo unos 100 km de caminos. En Azuaga, dicen, estarán seguros y tendrán el camino abierto hacia Madrid.

Una columna compacta de alrededor de 8000 personas sale desde la estación de tren de Fregenal, guiada por algunas personas conocedoras de los caminos. Este número es el que da nombre a la expedición. La mayoría de sus miembros son personas sencillas, que huyeron de sus pueblos por miedo o por sus ideas políticas. También mujeres y niños. Familias enteras que llevan en bestias de carga los pocos enseres a los que no han querido renunciar. Hay también un buen número de personas muy significadas en el organigrama republicano de sus respectivas poblaciones.

La más conocida fotografía de la Columna de los Ocho Mil, procedente del documental aludido.
Tras pasar Segura de León, la columna se interna en la Cañada Real Leonesa Occidental, en dirección a Fuente de Cantos. Pero deben de pasar un momento peligroso: cruzar la Vía de la Plata. La cruzan de noche para evitar posibles refriegas con los sublevados.


Miles de personas atraviesan un paisaje de dehesas. Lo primero que se ve de la columna es una gran nube de polvo provocada por la sequedad del terreno en época estival. Todos padecen por la falta de agua. Ha sido un verano caluroso y los arroyos y charcas están secos. Cada familia lleva sus propias provisiones.


A pesar de las dificultades, se avanza a marchas forzadas. Saben el peligro que corren. Para hacer frente a posibles ataques, la vanguardia está compuesta por milicianos armados con escopetas de caza, fusiles y alguna bomba de mano de fabricación casera. Una mujer a caballo va continuamente arengando y animando a los miembros de la columna para que continúen avanzando.


Detalle de la fotografía anterior.
Pero Queipo de Llano en Sevilla conoce todos sus movimientos gracias a los
informadores que tiene en la zona, y a un avión de reconocimiento. Sabe que se trata de una columna de fugitivos formada prácticamente sólo con civiles, pero decide atacarla como si se tratase de un ejército regular. Sólo espera el momento y el lugar oportunos.

Del ataque se encarga un contingente de soldados, guardias civiles y falangistas al mando del comandante de Llerena, Gómez Cobián.


Al atardecer del 17 de septiembre la columna está ya cerca de la zona republicana y de la libertad. Pero los fascistas les esperan en el Cerro de la Alcornocosa, donde han montado estratégicamente varias ametralladoras.


El "peligro" que suponía para el ejército franquista la Columna de los 8000 queda reflejado en esta fotografía, tomada del blog "Matacucarachas de Navegante Rojo"
La columna ya está a tiro. Desde su privilegiada posición las tropas de Gómez Cobián masacran a todos, hombres, mujeres y niños, muy superiores en número pero prácticamente desarmados.


Confusión, gritos, horror…Unos pueden pasar, otros retroceden. Todos salen huyendo en desbandada. Familias que se separan no saben aún que no volverán ya jamás a encontrarse.


Nunca se sabrá el número exacto de víctimas. Muchos de los que sobreviven se dirigen a las vías del tren situadas a unos tres kilómetros. Atravesarlas significa la salvación, pues al otro lado se encuentra la zona republicana. Pero cuando llegan, los fascistas les tienen reservada la sorpresa final: desde una máquina de tren con dos vagones emplazados en la vía, disparan a todo aquel que intenta pasar.


Sin embargo, un goteo constante de sobrevivientes consigue pasar durante la noche y llegar, heridos y agotados, a Azuaga. Desde allí saldrán hacia Madrid donde, tiempo después, formarán el Batallón de los Castúos, formado casi enteramente por milicianos extremeños.


Grupo de milicianos extremeños. La foto está tomada del blog mencionado en la anterior.
Los que retroceden tienen que internarse en la sierra, donde no saben qué camino tomar. Saben que no pueden volver a sus pueblos, porque en ellos les espera la muerte. Van a estar meses vagando sin rumbo, caminando por la noche y escondiéndose de día, acosados por soldados y guardias civiles que les van haciendo prisioneros o matando poco a poco. Nunca sabremos el número de fosas comunes en los que fueron inhumados, a menudo excavadas en el lugar mismo donde fueron abatidos.


Unas 2000 personas son capturadas, sin utilizar medios violentos, por un reducido grupo de soldados y falangistas al mando del capitán Tassara el cual, disfrazado de miliciano, utiliza una bandera republicana y un megáfono consiguiendo engañarles, desarmarles con la promesa de darles mejores armas y conducirles hasta Fuente del Arco.


Llegados a esta población, descubren el engaño, son rodeados en la plaza por tropas de regulares. Y allí mismo, en un rincón, comienzan a ejecutar a muchas personas. Los republicanos, desesperados, intentar escapar por las azoteas de las casas. Pero son detenidos y ejecutados. Los que quedan son transportados en tren hasta Llerena.

Mapa que recoge parte de las provincias de Badajoz y de Sevilla, con Fregenal de la Sierra como centro, y las diversas poblaciones por las que pasó la Columna de los Ocho Mil.
Una vez en Llerena, confinados y separados por sexos, los prisioneros son identificados. Se piden informes a los ayuntamientos de origen. La vida o la muerte de los prisioneros depende de lo que quieran contar sobre ellos sus propios paisanos. Muchos alcaldes y “gentes de orden” del nuevo régimen se desplazan a Llerena con el fin de liberar a unos y acusar a otros.

Algunos son trasladados a sus pueblos de origen donde les dan muerte, como en Zafra. Otros presos andaluces y algunos considerados de especial relevancia son confinados en el barco-prisión Cabo Carboeiro, anclado en el puerto de Sevilla.


Barco-prisión Cabo Carboeiro. Anclado en el puerto de Sevilla, se vieron entrar a muchos, pero pocos volvían a salir.
En Llerena, mientras tanto, un camión lleno de presos se traslada cada madrugada al cementerio. Los vecinos escuchan sus lamentos. Saben que les espera la muerte.


Fusilados en Llerena, en la misma calle. La foto está tomada de la web "Todos los Rostros", y quizás pueda ser atribuída al periodista portugués Mario Neves.
Allí son obligados a cavar sus propias tumbas y un soldado al que se le escucha
vanagloriarse por lo que hace los fusila con una ametralladora. Los disparos se escuchan en todo el pueblo. Y así, durante un mes. Nunca se sabrá el número de asesinados, pues muchos cadáveres fueron quemados al no caber ya en las fosas.

Fusilamiento de jornaleros en Llerena. Foto tomada de la web mencionada en la anterior.
Curiosamente estos hechos, que después de la matanza de Badajoz pueden ser el suceso represivo más importante de toda la Guerra Civil en Extremadura, tan trágicos o más que el Bombardeo de Guernika o los asesinatos
de la Carretera de Málaga a Almeria, no aparecen en los libros de historia.

El
responsable primero de los hechos es el jefe militar de Llerena, Gómez Cobian. En un escala inferior están el teniente Miranda y el capitán Tassara, que recibió la medalla al mérito militar por tan “honorable” acción de guerra. Además las autoridades locales, curas, falangistas, guardia civil…Pero todos tenían órdenes superiores de Sevilla. Éstas y otras acciones represivas estaban perfectamente planificadas por los militares golpistas, a cuyo frente estaba un viejo conocido, el carnicero, el criminal contra la humanidad Juan Yagüe.

Este
criminal, que sembró Andalucía y Extremadura de fosas comunes es el culpable de que a día de hoy, 73 años después, miles de familias de ambas comunidades sigan sin saber qué pasó con sus abuelos y dónde están enterrados.

Abril de 2007. Acto en el cementerio de Llerena para enterrar los restos de 36 republicanos asesinados en 1936 y hallados en fosas comunes en 2005. Foto tomada del diario El Periódico, edición de Extremadura.
Este criminal, que no escatimó esfuerzos en hacerse ver en misa, defendiendo iglesias o rezando ante imágenes, mientras amedrentaba al pueblo en la radio o firmaba sentencias de muerte, “descansa” enterrado con todos los honores en la Macarena de Sevilla, cuya imagen luce la madrugada de cada Viernes Santo el fajín del general.


La Macarena luciendo el fajín de gala del sanguinario Queipo de Llano. La iglesia católica hace ímprobos esfuerzos para limpiar, desde su emisora de radio, la imagen del miserable general.

Dedicado a mi amigo José, alias Navegante Rojo, ferviente y apasionado republicano, que me ha ayudado con sus fotografías y sugerencias a realizar esta entrada. Deseo que pase pronto y felizmente la mala época que tiene por delante. Muchas personas pensamos en ti, Navegante, y te mandamos nuestra fuerza y nuestro cariño.




Esta entrada ha sido realizada a partir del artículo de Ángel Hernández García, publicado en el nº 8 de a revista Trasversales, versión electrónica, de otoño de 2007. Ángel Hernández es además, co-autor del documental La columna de los ocho mil.
Otras webs y blogs consultados han sido: Info Alternativa Extremadura, y “La columna de los 0cho Mil” de Jon Kepa.


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La "Lista de Seixas". El Shindler portugués.


"Yo no soy fascista, yo no soy de izquierda, pero veo que lo que Franco viene haciendo es una injusticia".
Fotografía de portada y cita del Teniente Antonio Augusto de Seixas. La foto está tomada de la web Tenente Seixas


Finales de agosto de 1936. La columna de la muerte de Yagüe ha dejado sus huellas en Almendralejo, Mérida, Zafra y otras localidades de la Vía de la Plata donde, según el dirigente socialista Julián Zugazagoitia, dicen que "les han dado a los campesinos la reforma agraria, proporcionándoles un pedazo de tierra sin renta y para siempre".

Entrada de las tropas de Yagüe en Guareña (Badajoz).
Tras el horror de la doble matanza en Badajoz, la columna de la muerte de Yagüe marcha hacia Madrid, pues ha conseguido unirse a las tropas de Mola que bajaban desde el norte. Pero aún queda una bolsa republicana en la zona de Llerena, Jerez de los Caballeros y Villanueva del Fresno, entre otras localidades, hasta la frontera portuguesa.

Las tropas franquistas que se han quedado, unidas a las patrullas paramilitares falangistas, comienzan a dedicarse a la conquista de esta zona y a la represión de sus gentes. Las gentes de estos pueblos deben huir para intentar salvar sus vidas y las de sus familiares. Sólo tienen dos posibilidades: atravesar la zona franquista e ir hacia levante a zona republicana, o atravesar la frontera e internarse en el vecino Portugal.

Ya en septiembre, se forman dos columnas. La primera, de unas 8000 personas, decide la primera opción. Pasarán tristemente a la historia con el nombre de “La Columna de los 8000”, con trágico final para la gran mayoría de ellos, pues fueron masacrados cuando estaban cerca de la libertad, a pesar de no ser más que civiles con un exiguo armamento. Fue una
encerrona sólo comparable a las de las carreteras de Málaga a Almería y de Barcelona hacia Francia. Esta tragedia olvidada merece una entrada propia que escribiré después de ésta. (*)

Columna de refugiados extremeños. No me ha sido posible averiguar si pertenecen a la Columna de los 8000 o a quienes fueron a refugiarse a Barrancos.

Otra columna de unos 1.000 extremeños y algunos andaluces deciden cruzar la frontera portuguesa. Portugal entonces se encontraba bajo la dictadura de Salazar y apoyaba tanto moral como económica y militarmente el alzamiento franquista. Su frontera era muy vigilada, ya que la temible PIDE (policía fronteriza) acampaba en los pasos fronterizos para evitar el asentamiento de “bandas de comunistas”.Todo republicano español detenido en dicho país era inmediatamente entregado a la policía española que, sin necesidad de juicio, aplicaba normalmente la pena capital.

Postal propagandística franquista, exaltando la amistad con los regímenes fascistas europeos, entre ellos el portugués, que les ayudaron a derrotar a la República.
Estas mil personas son perseguidas y disparadas por los franquistas. A su llegada a la frontera les esperan los guardias de frontera portugueses que, en principio, no les dejan traspasarla, aunque tras ver el peligro que estas personas corren, les dejan atravesar el pequeño río Ardilas, frontera natural entre los dos países, dejando que se sitúen en su ribera portuguesa.

Meandro del río Ardila en el entorno del castillo de Noudar. La parte española se corresponde con la parte interior del meandro y la portuguesa con la exterior. La zona de Coitadinha se sitúa en la parte derecha del meandro en la zona llana que se ve al lado del río. La fotografía y el texto que la acompaña están tomadas de la web "Vegas Brujas".
La comarca pertenecía a la administración militar comandada por el Teniente Augusto de Seixas y por el Teniente Oliveira Soares de la Guardia Nacional Republicana. Los falangistas y los soldados franquistas siguen disparando desde lado español contra el lado portugués. Los refugiados extremeños y andaluces tienen que refugiarse tras las piedras para no ser alcanzados por las balas disparadas desde el lado español.

En ese momento, el teniente Oliveira Soares monta en su caballo y se dirige al galope a las posiciones españolas para asegurar a los soldados y a los falangistas que, si se vuelven a repetir los disparos desde el otro lado de la frontera, responderán abriendo fuego con sus ametralladoras.

El fuego cesa. Algunos supervivientes recuerdan que hubo mujeres que se acercaron al teniente Oliveira Soares y querían besarle las botas, llorando agradecidas por haberles salvado.

El abrazo de dos dictadores, Franco y Salazar, agradeciéndose mutuamente la guardia de la frontera común frente a "rojos y comunistas".
Hasta ese momento, la práctica habitual en Portugal es la de devolver a España a los refugiados civiles que cruzan la frontera, lo que en realidad es como condenarlos a muerte, ya que, en su mayor parte son fusilados de inmediato. A que los refugiados no sean devueltos a España contribuye en buena medida la repercusión internacional que, gracias a los periodistas extranjeros, tiene el conocimiento de los sucesos acaecidos durante la toma de Badajoz.

Así, la columna de unas mil personas llega hasta el pueblo portugués de Barrancos, que los acoge como si fueran sus hermanos y a los que diariamente llevan víveres. Además, muchas familias esconden en su propia casa a varios de los perseguidos para evitar que los militares españoles los detengan y, muy probablemente, los fusilen.

Además están protegidos por el teniente Antonio Augusto de Seixas y los seis hombres que tiene a su mando. Tienen incluso que defender con sus armas a sus protegidos extremeños de las incursiones en Portugal de grupos de pistoleros fascistas españoles.

Edificio del ayuntamiento de Barrancos. Esta población portuguesa, fronteriza con Extremadura, tiene 2000 habitantes. En 1936 tenía alrededor de 3000.
Durante varias semanas son alojados en dos campos de refugiados improvisados, pues la única estructura que tenían era una especie de casa de baño, construida con chapas de cinc y trozos de encina, dividida en dos partes para separar a mujeres y hombres. Ambos se ubican en un paraje de singular belleza y que, paradójicamente, ha sido convertido en Parque Nacional.

El primero, el Campo de Refugiados de Coitadinha, es “legal” y conocido por las autoridades portuguesas, mientras que el segundo es un invento del teniente Seixas, responsable técnico de las operaciones de control de frontera, para seguir dando cobijo a los españoles sin que el Gobierno del dictador Salazar, que apoya a Franco, tenga conocimiento. La razón es que siguen llegando refugiados extremeños aterrorizados. En la finca de Coitadinha no caben más, por lo que el teniente teme que las autoridades los devuelvan y crea un segundo campo de refugiados clandestino en otra finca, la de Russianas, donde llegarán mas de cuatrocientos.



Situación de los campos de refugiados en las fincas barranqueñas de Coitadinha y Russianas que cobijaron a 1.020 refugiados extremeños y andaluces hasta que fueron repatriados por el gobierno portugués. Foto tomada de la web Gazeta de Antropología.
El mantenimiento del clandestino Campo de Refugiados de Russianas, sólo es posible gracias a los barranqueños, que durante más de un mes intentan hacer más humana y cómoda la estancia de los refugiados españoles, llevándoles comida y mantas, sin apenas tener incluso para ellos.

Mientras, en octubre de 1936, las presiones internacionales contra Salazar consiguen que el gobierno portugués termine acatando las medidas del Comité de No Intervención y decide trasladar a los 614 españoles del campo de Coitadinha, negociando su repatriación con el Gobierno Republicano español sin saber que Seixas controla el campo de Russianas, que alberga a casi la mitad de la totalidad de los refugiados.

Seixas, que hasta entonces aún pensaba que la paz llegaría pronto y que podrían volver a Oliva de la Frontera, se da cuenta de que eso no va a ocurrir, y visto que la negociación deja al margen a los refugiados de Russianas, se las tiene que apañar para mezclarlos con los de Coitadinhas y permitirles así subir al barco que les llevará desde Lisboa a Tarragona, puerto en poder de los Republicanos.

El buque Nyassa, en el que fueron embarcados y repatriados a Tarragona los refugiados extremeños y andaluces, junto con algunos militares republicanos que pasaron a Portugal tras la toma de Badajoz.
Como no se cuenta con ellos y no hay transporte, el propio teniente Seixas y su hijo mayor y otros familiares, tienen que conducir sendas camionetas arrendadas, corriendo él con todos los gastos, para poder trasladar a Lisboa a los refugiados de Russianas. Así, aparecen en el puerto de Lisboa los 411 refugiados de la "Lista de Seixas".

El teniente se justifica argumentando que se trata de antiguos escapados de Coitadinha que han decidido volver. El empeño de Seixas logra que los 411 extremeños de su lista también sean embarcados en el buque Nyassa, que les llevará a la ciudad de Tarragona, en la España Republicana.

Más adelante, como castigo por lo sucedido, Seixas es sometido a un interrogatorio militar, suspendido dos meses y obligado a pasar a la reserva. Acusado de traición, esto supone el fin de su carrera militar, Pero todos “sus” refugiados han conseguido salvar la vida.

El 22 de octubre Salazar rompe relaciones con las autoridades Republicanas. Desaparecido Seixas, los extremeños huidos que cruzan la frontera portuguesa de Barrancos son devueltos a los españoles que matan inmediatamente a sus compatriotas, teniendo que ser muchas veces los propios portugueses quienes los entierren.

Fotografía probablemente de los refugiados extremeños ya embarcados en el Nyassa, pero sin haberse podido confirmar.
Este capítulo de la contienda española vive en la memoria de los que estuvieron allí, pero es casi desconocido para las nuevas generaciones de ambos lados de La Raya.

La historia del teniente Seixas y de sus valientes soldados la conocemos gracias a las Memorias que escribió su hijo, Gentil de Valadares y más recientemente al libro “Barrancos en la encrucijada de la Guerra Civil Española. Memorias y testimonio, 1936” de la antropóloga Maria Dulce Antunes Simôes. Seixas puso su conciencia por encima de las órdenes de sus superiores, comprometiendo así su carrera. Hizo “lo que tenía que hacer”.

La antropóloga Maria Dulce Antunes Simôes, con la colaboración de Francisco Espinosa y Gentil de Valadares, estudia en su contexto este suceso, sus protagonistas individuales y colectivos, insistiendo en el fenómeno de comprensión y cercanía que, ante la violencia de la guerra, une a portugueses y españoles.
Esto le costó el puesto. Pero el teniente Antonio Augusto de Seixas, cuenta también con el agradecimiento de aquellos republicanos, de sus familias, sus pueblos y de aquellos que tanto tiempo después conocemos dicha historia.

En cuanto a la villa alentejana de Barrancos, que se volcó con los españoles, ofreciéndoles ayuda y alimentos, siempre le agradeceremos el enorme esfuerzo de generosidad y de valentía que consiguió salvar la vida, hace ya 73 años, a más de 1.000 extremeños que, de lo contrario, hubieran estado abocados a una muerte más que segura.

Medalla de la Comunidad de Extremadura. Solicitada, entre otros muchos colectivos, por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura, ARMHEX, para que sea concedida al pueblo luso de Barrancos como muestra de gratitud por la solidaridad mostrada al acoger a un millar de refugiados extremeños, que huían de la guerra civil y ponerlos a salvo.
Esperemos que muy en breve el agradecimiento del pueblo de Extremadura se materialice en la entrega, solicitada por varios colectivos, del mayor de sus símbolos: la Medalla de Extremadura.

Moito obrigado, Irmãos



(*) Aunque sólo había previsto narrar la matanza de Badajoz en dos partes, me he dado cuenta de que el tema de la entrada de hoy y el de la “Columna de los 8000”, el próximo domingo, son consecuencias de la misma. Además, he llegado a saber de ellas investigando sobre Badajoz y, al tratarse de episodios muy graves y prácticamente desconocidos por la mayoría, no me parecía justo dejarlos de lado sin intentar darlos a conocer. Bastante tiempo han estado en el olvido…


La consulta de las siguientes webs y blogs me han ayudado en la realización de esta entrada: A la sombra del Tomate, "La medalla de Extremadura para Barrancos"; el periódico digital Hoy.es, "Barrancos, los héroes anónimos de la guerra" y "Barrancos, tierra de asilo"; Portal de la Codosera, " Carta desde la Raya"; Parque de Natureza de Noudar, "La guerra civil de España en el municipio de Barrancos"; Coordinadora de Colectivos de Víctimas del Franquismo, "Más de mil vidas en una medalla"; Anarquía y Misticismo, "La hazaña olvidada de Barrancos" y las citadas en las fotografías que ilustran la entrada.

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La doble matanza de Badajoz (2ª parte). Orgía de sangre en la Plaza de Toros.

Cartel de la a Asociación Soriana Recuerdo y Dignidad , que ha organizado este miércoles pasado, día 3, una charla sobre el teniente coronel Yagüe, con Francisco Espinosa, el autor de La columna de la Muerte.
"Dicen que la primera noche la sangre alcanzó un palmo de profundidad. No lo dudo. Allí se asesinó a 1.800 hombres y mujeres en un plazo de 12 horas. En 1.800 cuerpos hay más sangre de la que imaginas"
Jay Allen, Chicago Tribune, 30 de Agosto de 1936.
«Es una espléndida victoria. Antes de avanzar de nuevo, y ayudados por los falangistas, vamos a acabar de limpiar Extremadura».
Juan Yagüe, en declaraciones a Jacques Berthet, de Le Temps, 16 de Agosto de 1936.
"Nos pasaron a la plaza de toros y nos alojaron en unos pasadizos que había por debajo de las gradas. No había más luz que la que pasaba por las ranuras o las aspilleras de las murallas. Al día siguiente empezaron los fusilamientos. El sistema que tenían era el siguiente: entraba un cabo de la Legión, contaba hasta 20, los sacaba al ruedo, donde ya esperaban los guardias civiles que componían el piquete de ejecución. Una vez fusilados, llamaban a algunos para que cargaran los muertos en una camionetilla chica y se los llevaban, creo, al cementerio".
Testimonio de un superviviente, entonces con 15 años, al investigador Francisco Pilo Ortiz, autor del libro que leva como título: "Ellos lo vivieron. Sucesos en Badajoz durante los meses de julio y agosto de 1936, narrados por personas que los presenciaron".
"A eso de las tres y media de la mañana llegamos a la plaza de toros. Me fijé que en los chiqueros había mucha gente vigilada por los legionarios. Muchos gritaban y lloraban. Dentro del ruedo había varios muertos en fila y nos dijeron que los cargáramos en el camión y los lleváramos al cementerio. Al salir por Puerta Pilar también había muchos muertos aquí y allí, desparramados por el campo. Muchos de ellos eran moros. Cuando llegamos [al cementerio] un paisano nos dijo que descargáramos lo que llevábamos al otro lado del camino. El enterrador decía que no sabía qué iba a hacer con tantos muertos, que no tenía preparadas tantas tumbas. Nos dijeron que volviéramos a la plaza de toros y así lo hicimos. Dentro de la plaza había esta vez más muertos, un montón aquí y otro más allá [...] Aquel día dimos lo menos seis viajes. Al día siguiente dimos cuatro o cinco viajes. En el primer viaje me fijé que los habían colocado a los muertos [en el cementerio] unos encima de otros, formando un montón. Cuando dimos el segundo viaje ya les habían dado fuego. Aquello era espantoso. El olor era terrible y algunos muertos parecía como si se quejaran cuando ardían. Ese día 15 y los que siguieron se mató a mucha gente en Badajoz, aunque no podría decir a cuántos..."
Testimonio -recogido, como el anterior, por Francisco Pilo Ortiz en su libro "Ellos lo vivieron"- de un hombre que en la madrugada del 14 al 15 recibió una orden sobrecogedora: cargar cadáveres en un camión y llevarlos desde la plaza de toros al cementerio
Muralla del baluarte de Santiago, Badajoz.


Las tropas marroquíes y los curtidos y experimentados legionarios de Yagüe acaban de conquistar la ciudad de Badajoz. La resistencia en la capital extremeña ha podido durar escasamente un día. Defendida por unos cuantos milicianos mal armados y peor entrenados y algunos soldados republicanos, su destino estaba escrito tras sufrir los crueles bombardeos de la aviación alemana e italiana a las órdenes de Franco y del fuego artillero de las numerosas piezas a disposición de Yagüe.

Baluarte de San Juan y Puerta Pilar.


Furiosos por las numerosas bajas sufridas a manos de tan escasamente preparado enemigo, los moros y los legionarios se extienden por la ciudad comenzando una matanza salvaje e indiscriminada, violando, torturando y degollando con las bayonetas a todo el que se cruza en su camino.

Fusilados contra una tapia cualquiera. Obsérvense los impactos de las balas.


Una orgía imparable de sangre recorría la ciudad de Badajoz y sus alrededores. Perseguían a los republicanos por las azoteas, cazándolos como a moscas, haciendo apuestas entre tropas moras, falangistas y legionarios; los marcaban a hierro como a las vacas. Manuel Ramallo y Antonio Almeida Segura, destacados falangistas, iban a por todas, dirigiendo y ejecutando torturas y asesinatos, mientras la Autoridad Militar jaleaba sus crímenes. En la Plaza de Menacho, los moros que integraban la Columna de Asensio, se divertían abriéndoles el cuerpo a los detenidos antes de matarlos y, aún vivos, les cortaban la cabeza y las metían en el propio cadáver del asesinado.

La puerta de la Plaza del Horror, hoy desaparecida. En su lugar se levanta un bello y moderno Palacio de Congresos.

Mientras, en la Plaza de Toros iba a comenzar la ”fiesta”. En el tendido, junto a la barrera, habían instalado unos focos para iluminar la arena. Allí estaban atemorizados todos los presos republicanos.

Las ametralladoras habían sido fijadas en las contrabarreras del toril. Para este espectáculo hubo entradas e invitaciones, a él acudieron señoritos de Andalucía y de Extremadura, terratenientes sedientos de venganza y falangistas de reciente camisa; también acudieron invitadas respetables y “piadosas” damas. Asimismo, numerosos eclesiásticos, virtuosos frailes y monjas aplaudían entusiasmados.


Uno de los jefes moros, Muley Racbid, que se distinguía por su fiereza, se vistió de torero sin quitarse sus sempiternos atuendos. Con la bayoneta a modo de estoque, jaleaba a los prisioneros como si de reses bravas se trataran; y terminaba su faena clavándole el hierro en el cuello o en la cara. Así, bestialmente, acababa con ellos mientras los invitados aplaudían cada faena, coreando "olés" a los asesinos.

A primeras horas del día 15, el espectáculo continuaba. Entonces, Juan Gallardo Bermejo, miliciano preso, se lanzó sobre un legionario que lo toreaba y, después de arrebatarle la bayoneta, lo mató allí mismo. En ese momento, moros y legionarios se retiraron del coso. Sin esperar un minuto, empezaron a tronar las ametralladoras, mientras se oían el grito colectivo de los milicianos, mezclando los chillidos de horror con vivas a la República y a Extremadura socialista.


Hileras de cadáveres en el cementerio de Badajoz. No menos de 4000 personas, tanto en las calles como en la Plaza de Toros, fueron asesinadas aunque la desaparición de archivos...


Los montones de muertos son enterrados en grandes fosas comunes, abiertas por presos que todavía quedaban vivos.

A la mañana siguiente, antes de que se hiciera de día, una nueva hornada de presos llenaba ya el coso de la Plaza de Toros. Badajoz no dormía, mientras aquella orgía sanguinaria continuaba sin parar; Se ponen en funcionamiento de nuevo las ametralladoras.


Eran casi las ocho cuando habían rematado definitivamente su faena; unos moros repasaban los cadáveres uno a uno para
arrebatarles todos los anillos , las medallas, los dientes de oro y cada una de las prendas que les gustaban; cuando no podían sacarles el aro de oro de un dedo, lo cortaban con el machete y, aún ensangrentado, lo guardaban en su mochila. Le abrían la boca al cadáver y si tenía dentadura de oro, se la arrancaban con la hoja de su bayoneta.

...impide cuantificar con exactitud el número de víctimas que algunos estudios cifran en 9000.


Sin embargo los fascistas no habían contado con la prensa internacional. entraron, Al menos, cinco periodistas consiguieron entrar en Badajoz: Jacques Berthet, de Le Temps; Mario Neves, del Diario de Lisboa; otro francés llamado Marcel Dany, de la Agencia Havas; el norteamericano John T. Whitaker, del New York Herald Tribune; el fotógrafo y camerógrafo francés René Bru y, poco más tarde, Jay Allen, del Chicago Tribune y del News Chronicle. Todos ellos hablaron de las matanzas de Badajoz.

El domingo 16 de agosto, Le Populaire y Le Temps, en primera plana, y Le Figaro y Paris-Soir, en la página tres, anunciaron los sucesos de Badajoz.


«LOS FASCISTAS ASESINAN A LA POBLACION DE BADAJOZ» era el título de Le Populaire, que poseía la información del enviado de la Agencia Havas, y en su comunicado se pueden leer cosas como éstas: «Los legionarios y los moros continúan ejecutando en masa», «Están teniendo lugar ejecuciones en masa», «Los cadáveres cubren el suelo», «En la plaza del Ayuntamiento yacen los partidarios del Gobierno que fueron ejecutados contra el muro de la catedral», «La sangre corre por las aceras. Por todas partes se encuentran charcos coagulados».


Portada del Diario de Lisboa del sábado 15 de agosto de 1836. El titular dice "Badajoz ha sido entregada a los legionarios y regulares marroquíes". "Escenas de horror y desolación en la ciudad conquistada por los rebeldes.". La crónica la firma Mario Neves, periodista portugués afín a los franquistas, e incluye la entrevista a Yagüe, en la que éste le informa que ya hay 2000 fusilados.


El lunes 17, Le Temps publicaba una crónica de Jacques Berthet, en la que éste daba detalles de la lucha y de la represión en Badajoz: «En estos momentos -escribía el 15 de agosto a las 22,30- alrededor de mil doscientas personas han sido fusiladas (...) Hemos visto las aceras de la Comandancia Militar empapadas de sangre (...) Los arrestos y las ejecuciones en masa continúan en la Plaza de Toros. Las calles de la ciudad están acribilladas de balas, cubiertas de vidrios, de tejas y de cadáveres abandonados. Sólo en la calle de San Juan hay trescientos cuerpos (...)».

El fotógrafo francés René Bru fue detenido por haber filmado los cadáveres que yacían por las calles y los prisioneros que ingresaban en masa en la Plaza de Toros, y pasó varias semanas en la prisión de Sevilla. Luego, René Bru fue liberado y expulsado de la zona rebelde, pero sus películas y sus fotos se quedaron en poder de los rebeldes.


Por ultimo, el 30 de agosto apareció en el Chicago Tribune el famoso artículo de Jay Allen, que relataba en un estilo crudo y apasionado las matanzas de Badajoz.


Artículo de Jay Allen en el Chicago Tribune del 30 de agosto de 1936, titulado "Slaughter of 4.000 at Badajoz. City of Horrors" (Matanza de 4000 en Badajoz, ciudad de los horrores), crónica considerada una de las más importantes del periodismo de guerra.

El inesperado eco del episodio por la presencia de corresponsales extranjeros marcó un punto de inflexión para los franquistas. Los periodistas fueron duramente presionados para que cambiasen sus crónicas, sin éxito, y en adelante los franquistas se vieron obligados a disimular. Además, algunos sectores que habían apoyado el golpe -en el ámbito estatal e internacional- empezaron a sentirse “incómodos” con tanta sangre.

Antonio Castejón, comandante de Infantería, otro de los carniceros de Extremadura Involucrado también en matanzas similares en Zafra, Almendralejo y Mérida al mando de la 5ª Bandera de Legionarios y del 2º Tabor de Regulares de Ceuta. En la foto, ya ascendido a coronel.

Se inició así otra fase, en la primavera de 1937. No se dejó de reprimir a la población, pero los paseos y fusilamientos sin trámite dejaron paso a juicios sumarísimos -simulacros de justicia- sin ninguna garantía legal.

Las víctimas pasaron así de la categoría de “desaparecidos” a la de “ajusticiados”.


La diferencia, en el fondo, carece de importancia.

Continuará...


Para la realización de esta entrada me he basado, además de en las fuentes citadas en la anterior, en el artículo de investigación de Alfredo Disfeito, Andreu García y Federico Pérez-Galdós publicado en el periódico El otro País, visto en la página web Pido la Palabra, a 71 años de la Matanza de Badajoz. También en la web Kaos en la Red, La Matanza de Badajoz fue un genocidio.



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